Me he dado cuenta que las cosas ocurren cuando menos lo piensas. Todo, inclusive la muerte.
Nuestra habilidad para salir de situaciones inesperadas es lo que yo llamaría saber improvisar, y la vida se trata mucho de eso, de improvisar, cuando te acercas a alguien que te ruboriza la piel o cuando aparecen las luces de otro automóvil justo al frente de ti, cuando tienes pensamientos en exceso rodando en tu cabeza de una sola vez, y tienes que decidirte por algo, por uno, y ahora, y sabes que tienes que dar en el blanco.
Así me suelo sentir casi todos los días, con las palabras en la boca pero sin soltar nada, al mismo tiempo pienso: la vida es un juego, es un juego muy simple pero nosotros lo complicamos todo. Para no alargar las cosas voy por un café y dejo de pensar en la vida, porque de lo contrario entraría en una crisis existencial por enésima vez.
Así es, el café lo resuelve todo. Que bueno que existe el café.
Ha sido un placer visitar tu blog
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